Escrito por Frode Skar, periodista financiero.
La OTAN refuerza su presencia en Groenlandia para mantener a Trump alineado

OTAN Groenlandia Trump y la lógica política detrás del impulso ártico
La OTAN está ampliando su actividad en el Ártico con una iniciativa presentada oficialmente como un refuerzo de la seguridad regional. En la práctica, diplomáticos y analistas señalan que el movimiento responde mucho más a cálculos políticos internos de la alianza que a una necesidad militar inmediata. El objetivo central es tranquilizar al presidente estadounidense Donald Trump tras sus anteriores amenazas relacionadas con Groenlandia.
La iniciativa, denominada Arctic Sentry, se justifica públicamente por el aumento de la actividad rusa y el interés creciente de China en el alto norte. Sin embargo, dentro de la alianza se describe como una reetiquetación simbólica de actividades ya existentes, impulsada por la presión de Washington más que por un cambio sustancial en el entorno de amenazas.
La presión de Trump reconfigura la agenda ártica de la OTAN
Las declaraciones de Trump a comienzos de año, en las que se negó a descartar el uso de la fuerza para adquirir Groenlandia, marcaron un punto de inflexión para muchos aliados europeos. Para varios gobiernos, el episodio reforzó la percepción de Estados Unidos como un socio cada vez más impredecible y transaccional.
Ese temor explica el esfuerzo actual por mostrar compromiso en torno a Groenlandia. Según fuentes de la OTAN, el objetivo es demostrar a la Casa Blanca que los aliados se toman en serio la seguridad del territorio, reduciendo así el riesgo de que Trump vuelva a cuestionar la relevancia de la alianza o el compromiso estadounidense con ella.
Arctic Sentry como señal política
La dirección de la OTAN defiende Arctic Sentry señalando la actividad militar rusa y el interés chino en la región. El secretario general Mark Rutte ha argumentado que es necesario hacer más en el Ártico para proteger el territorio aliado y anticiparse a desafíos futuros.
En privado, muchos diplomáticos reconocen que el panorama de amenazas está sobredimensionado. La OTAN ya cuenta con una clara superioridad militar en el Ártico, apoyada por las capacidades de Estados Unidos y por la amplia experiencia de varios aliados en operaciones en condiciones extremas.
Los expertos descartan un despliegue militar urgente
Especialistas en seguridad sostienen que la OTAN no enfrenta un déficit de capacidades en el Ártico. Estados Unidos puede trasladar fuerzas significativas desde Alaska a Groenlandia en cuestión de horas, y la alianza realiza regularmente ejercicios a gran escala en entornos de frío extremo.
Desde esta óptica, el reto es principalmente comunicativo. Se trata de enviar una señal de unidad y determinación, no de establecer nuevas bases permanentes ni grandes contingentes. El despliegue estable de tropas adicionales en Groenlandia se considera costoso e innecesario.
Un escenario de amenaza en gran medida exagerado
Washington ha mencionado posibles riesgos futuros para Groenlandia, como la flota de rompehielos rusa, misiles hipersónicos, una cooperación más estrecha entre Rusia y China y la apertura de nuevas rutas marítimas debido al deshielo.
Expertos árticos señalan que estos factores no alteran de forma sustancial el equilibrio de seguridad. Las nuevas rutas comerciales benefician sobre todo a trayectos cercanos a la costa rusa y tienen poca relevancia para Groenlandia. Los rompehielos poseen un valor militar limitado y son fáciles de rastrear, mientras que la presencia china en el Ártico se considera mayoritariamente simbólica.
Dónde se concentra el riesgo militar real
El desafío militar más creíble de Rusia no se sitúa en torno a Groenlandia, sino en el Ártico europeo. Allí, la Flota del Norte rusa, con base en la península de Kola, incluye varios submarinos con capacidad nuclear.
Aun así, los analistas coinciden en que la OTAN mantiene una ventaja clara. Desde el inicio de la guerra a gran escala contra Ucrania, Rusia ha perdido buena parte de sus fuerzas terrestres en el norte, y su reconstrucción llevará muchos años. Al mismo tiempo, la OTAN ha reforzado la vigilancia marítima y la adhesión de Suecia y Finlandia ha incrementado de forma notable el peso de la alianza en el Ártico.
OTAN Groenlandia Trump y el temor a la fragmentación de la alianza
Para muchos aliados, el cálculo político es determinante. Varios diplomáticos sostienen que el coste de ampliar ejercicios y realizar despliegues simbólicos es bajo en comparación con el riesgo de alejar aún más a Trump y debilitar la cohesión de la OTAN.
Desde esta perspectiva, Arctic Sentry funciona como una póliza de seguro. Si el precio de mantener unida a la alianza es enviar algunos buques, aviones y contingentes limitados para ejercicios ocasionales, muchos consideran que es un intercambio aceptable.
El futuro de Groenlandia como variable estratégica
Otra preocupación dentro de la OTAN es la evolución política a largo plazo de Groenlandia. Si la isla llegara a ser independiente y, en teoría, decidiera situarse fuera de la OTAN, podría quedar más expuesta a influencias externas.
El aumento del compromiso de la alianza busca garantizar presencia y conocimiento de un área estratégicamente sensible, independientemente de decisiones futuras que puedan tomarse en Dinamarca o en Groenlandia.
Valor militar limitado alto impacto simbólico
En una primera fase, Arctic Sentry integrará ejercicios existentes bajo el mando conjunto de la OTAN. Con el tiempo, podría ampliarse con más patrullas aéreas y marítimas, e incluso con una estructura de coordinación más permanente. Aun así, existe un amplio consenso entre expertos de que una fuerza permanente en Groenlandia aportaría beneficios de seguridad limitados.
Las operaciones continuas en aguas árticas son costosas y arriesgadas, especialmente cerca de territorios controlados por Rusia donde la infraestructura de apoyo es escasa. Una presencia estable podría aumentar las tensiones sin ofrecer un rendimiento estratégico equivalente.
Costes frente a beneficios políticos
Antiguos responsables de la OTAN han advertido contra despliegues permanentes en Groenlandia, citando su elevado coste y la falta de justificación en el contexto actual. No obstante, diplomáticos reconocen que la alternativa podría ser más dañina.
Para algunos aliados, la conclusión es pragmática. Si una mayor actividad de la OTAN en el Ártico ayuda a mantener a Estados Unidos comprometido y evita una mayor fragmentación de la alianza, las medidas pueden considerarse justificadas, incluso si su valor militar es modesto.
Una alianza en equilibrio interno
La nueva iniciativa ártica de la OTAN ilustra una característica clave del actual panorama de seguridad. Las decisiones no se toman únicamente en función de amenazas externas, sino también para gestionar tensiones políticas internas.
En el caso de OTAN Groenlandia Trump, Arctic Sentry parece menos una respuesta a un peligro militar concreto y más un esfuerzo por gestionar la relación con el miembro más poderoso de la alianza. Refleja una realidad en la que la simbología, la comunicación y la cohesión interna pesan tanto como la disuasión tradicional.
