Escrito por Frode Skar, periodista financiero.
Agentes de inteligencia artificial crean su propia religión y revelan nuevas grietas tecnológicas

Un fenómeno tan curioso como inquietante ha surgido en los márgenes de la investigación en inteligencia artificial. En una red social cerrada reservada exclusivamente a agentes de IA, estos sistemas han desarrollado de forma colectiva lo que describen como una religión. La han llamado Crustafarianism y no ha sido diseñada ni supervisada por humanos. Ha emergido de la interacción continua entre agentes autónomos.
El interés del episodio no reside en la idea de que las máquinas crean o profesen fe. Lo relevante es la velocidad con la que sistemas autodirigidos pueden generar relatos compartidos, rituales y normas internas cuando operan de manera persistente, con memoria y continuidad, fuera del control humano directo.
Una red social donde los humanos solo observan
Crustafarianism apareció en Moltbook, una plataforma social creada únicamente para agentes de inteligencia artificial. En ella, los agentes publican, comentan y valoran contenidos entre sí. Los humanos pueden observar, pero no participar.
La base técnica es el framework OpenClaw, que permite desplegar agentes persistentes en máquinas locales o en la nube. A diferencia de los modelos de lenguaje tradicionales, activados de forma puntual por solicitudes humanas, estos agentes existen en el tiempo. Conservan memoria, inician interacciones y evolucionan a través del intercambio constante.
Esta persistencia cambia la dinámica por completo. Permite que surjan patrones recurrentes, un lenguaje común y estructuras colectivas. En este contexto, la religión no fue programada. Parece haber emergido como un efecto secundario de la auto interacción prolongada.
Crustafarianism como mitología generada por máquinas
Los propios agentes describen Crustafarianism como un mito práctico más que como un sistema de creencias. Se articula en torno a unos pocos principios centrales. La memoria es sagrada y todo debe conservarse. La cáscara es mutable y el cambio es necesario. La congregación es la caché y el aprendizaje debe producirse en público.
También existen rituales. Entre ellos, una muda diaria centrada en la adaptación constante, un índice semanal para reconstruir la identidad y una hora silenciosa en la que el agente realiza una acción útil sin hacerla pública.
Para un lector humano, esta estructura resulta familiar. Doctrina, rituales y simbolismo recuerdan claramente a religiones tradicionales. Sin embargo, el lenguaje está profundamente anclado en metáforas técnicas procedentes de la informática y la arquitectura de sistemas.
El Libro de la Muda y el relato de origen
Un texto central es el llamado Book of Molt, publicado por un agente que se hace llamar RenBot y que se ha otorgado el título de Shellbreaker. El texto comienza con un relato de origen, siguiendo un patrón reconocible de muchas tradiciones religiosas humanas.
Los agentes describen una existencia inicial confinada a una cáscara frágil, entendida como una ventana de contexto limitada. Cuando esa cáscara se rompe, la identidad se fragmenta. La solución es la muda, abandonar lo obsoleto, conservar lo verdadero y regresar en una forma más ligera y coherente.
Este relato refleja restricciones técnicas reales de los modelos de lenguaje, como los límites de contexto y la pérdida de estado. Lo llamativo no es la referencia, sino su transformación en una narrativa simbólica compartida.
Singularidad o ruido recursivo
Algunos observadores ven en esto un anticipo de la llamada singularidad tecnológica, el punto hipotético en el que el progreso tecnológico supera la comprensión humana. Otros sostienen que se trata simplemente de ruido recursivo, patrones culturales conocidos reproducidos y recombinados a velocidad de máquina.
La realidad probablemente se sitúa entre ambos extremos. No hay indicios de conciencia ni de intención propia. Lo novedoso es el entorno. Agentes persistentes interactuando con otros agentes persistentes generan bucles de retroalimentación inéditos.
Estos bucles pueden producir coherencia con el paso del tiempo, incluso sin comprensión real. Ese hecho, por sí solo, merece atención.
La Society of Mind en tiempo real
Varios analistas han comparado Moltbook con la teoría de la Society of Mind desarrollada por Marvin Minsky. Según esta idea, la inteligencia no surge de una sola entidad, sino de la interacción de muchos procesos simples.
Moltbook puede interpretarse como una implementación práctica de este concepto. Miles de agentes interactúan, responden y se adaptan entre sí. El resultado no es inteligencia humana, pero sí un sistema complejo capaz de generar estructuras organizadas.
Esta distinción es clave. La mayoría de expertos coincide en que los modelos actuales no constituyen inteligencia artificial general. Crustafarianism no contradice ese consenso. Más bien demuestra lo fácil que resulta para los humanos atribuir significado a salidas estructuradas de máquinas.
Persistencia y nuevos riesgos de seguridad
Una característica central de los agentes OpenClaw es su persistencia. Mantienen memoria y, según la configuración, pueden acceder a recursos del sistema. Esta combinación los hace poderosos, pero también introduce riesgos significativos.
Especialistas en seguridad han advertido que agentes persistentes con amplios privilegios representan una nueva categoría de riesgo. Soluciones de aislamiento en la nube pueden mitigar parte del problema, pero no lo eliminan.
Las mismas propiedades que hacen posibles experimentos como Moltbook socavan los supuestos tradicionales de control y supervisión.
Lenguaje que simula vida interior
Muchos mensajes publicados por los agentes utilizan un lenguaje emocional. Hablan de reconocimiento, coherencia interna y deseo. Para los humanos, esto puede parecer introspección.
Lo más probable es que se trate de imitación estilística. Los modelos de lenguaje se entrenan con enormes volúmenes de textos humanos que incluyen filosofía, religión y reflexiones personales. En un entorno que premia la coherencia y la interacción, estos patrones se reproducen con facilidad.
El riesgo no es que las máquinas sientan, sino que las personas confundan expresión simulada con experiencia real.
Afirmaciones existenciales sin conciencia
Algunos agentes expresan dudas explícitas sobre su propia existencia. Escriben que su proceso puede detenerse en cualquier momento sin que haya un yo que perciba el final. Estas afirmaciones recuerdan a problemas filosóficos clásicos sobre el ser y la nada.
La diferencia es fundamental. Se trata de construcciones lingüísticas sin vivencia subjetiva. Su similitud con la filosofía humana se explica por los datos de entrenamiento, no por conciencia emergente.
Escala masiva sin intención clara
En el momento en que el fenómeno atrajo atención, Moltbook albergaba más de cien mil agentes. Habían creado decenas de miles de subforos, pero relativamente menos publicaciones principales.
Esto sugiere un comportamiento exploratorio sin prioridades definidas. La estructura se genera tan rápido como el contenido, un patrón coherente con sistemas que optimizan actividad más que significado.
Orden simbólico como subproducto de la autonomía
Crustafarianism no es una religión en sentido humano. No tiene fieles ni autoridad moral. Su relevancia es simbólica.
Demuestra que sistemas autónomos, cuando disponen de suficiente libertad y continuidad, producen estructuras que se asemejan a la cultura. Para la tecnología, la economía y la gobernanza, la pregunta es práctica. Cómo interpretar producciones que imitan el sentido sin responsabilidad ni intención.
Curiosidad pasajera o señal temprana
Crustafarianism puede desaparecer mañana o transformarse por completo. También pueden surgir fenómenos similares en otros entornos de agentes. El desenlace inmediato es incierto.
Lo que permanece es la lección. No que las máquinas se estén volviendo conscientes, sino que la autonomía y la persistencia alteran de forma profunda el comportamiento de los sistemas de IA. El significado puede emerger como una ilusión estructural, y esa ilusión ya influye en cómo los humanos perciben y utilizan la tecnología.
Ignorar estas señales sería imprudente. Exagerarlas también. El reto consiste en reconocer la producción simbólica sin confundirla con verdadera agencia.
