Keir Starmer se reúne con Xi Jinping mientras el Reino Unido busca un nuevo equilibrio entre comercio, seguridad y riesgo geopolítico

Escrito por Frode Skar, periodista financiero.
Contexto
El primer ministro británico, Keir Starmer, se ha reunido en Pekín con el presidente chino Xi Jinping, en la primera visita de un jefe de gobierno del Reino Unido a China en ocho años. El encuentro se produce en un momento de profunda reconfiguración del orden internacional, en el que los países occidentales revisan sus relaciones económicas y estratégicas en un entorno global cada vez más incierto.
Para Londres, la visita representa un intento de estabilizar una relación que durante años ha estado marcada por tensiones políticas, preocupaciones de seguridad y una creciente desconfianza mutua. Al mismo tiempo, pone de relieve la dificultad de separar la cooperación económica con China de los desafíos geopolíticos y de valores que esta relación implica.
Qué ha ocurrido
Durante las conversaciones en el Gran Palacio del Pueblo, Keir Starmer describió a China como un actor clave en el escenario global y expresó su voluntad de construir una relación bilateral más sofisticada y pragmática. Xi Jinping, por su parte, reconoció que las relaciones entre China y el Reino Unido han atravesado demasiados altibajos en los últimos años y manifestó la disposición de Pekín a avanzar hacia una asociación estratégica de largo plazo.
Ambas partes subrayaron la importancia del comercio y de las instituciones multilaterales, como las Naciones Unidas. Starmer confirmó además que planteó cuestiones sensibles relacionadas con los derechos humanos, incluido el caso de Jimmy Lai, lo que refleja el delicado equilibrio que el gobierno británico intenta mantener entre principios políticos y pragmatismo diplomático.
Un enfoque impulsado por la economía
Los intereses económicos están en el centro de la visita. China sigue siendo uno de los mayores mercados del mundo, y el Reino Unido busca ampliar sus exportaciones, inversiones y vínculos empresariales. Entre los temas abordados figuran la posible reducción de aranceles al whisky británico, facilidades para los viajes sin visado y una cooperación más estrecha en intercambio de información y transporte.
La amplia presencia de representantes del sector empresarial británico subraya el peso de la agenda comercial. Se esperan acuerdos y memorandos de entendimiento en sectores como vehículos eléctricos, agricultura, educación y productos farmacéuticos, con más anuncios previstos durante las reuniones en Shanghái.
Seguridad, tecnología y riesgos estratégicos
Tras el énfasis en las oportunidades comerciales persisten importantes preocupaciones en materia de seguridad. Las actividades chinas de ciberespionaje, espionaje industrial e influencia política en países occidentales están ampliamente documentadas y forman parte de las evaluaciones de seguridad del Reino Unido.
Los analistas señalan que China representa un modelo político e ideológico distinto al de las democracias liberales. Aunque los riesgos se consideran gestionables, esto depende de la solidez de las instituciones británicas y de la disposición del gobierno a responder con firmeza cuando los intereses nacionales se vean comprometidos.
Contexto geopolítico más amplio
La reunión entre Starmer y Xi debe entenderse también en un marco geopolítico más amplio. Varios países occidentales buscan hoy fortalecer sus lazos económicos con China, en parte porque perciben a Estados Unidos como un socio menos predecible bajo Donald Trump.
Para Pekín, esta dinámica ofrece la oportunidad de presentarse como defensor del libre comercio y del multilateralismo, en contraste con el proteccionismo estadounidense. Para el Reino Unido, el acercamiento a China es visto como una vía para preservar margen de maniobra económica sin renunciar a sus compromisos de seguridad ni a sus valores fundamentales.
Perspectiva de los mercados y los inversores
Los mercados financieros siguen de cerca la evolución de las relaciones entre Londres y Pekín. Una relación más estable y pragmática podría reducir la incertidumbre y abrir nuevas oportunidades de negocio. Sin embargo, cualquier aumento de las tensiones políticas o de seguridad podría revertir rápidamente el sentimiento positivo.
Por ello, la relación Reino Unido–China se evalúa cada vez más desde una perspectiva de riesgo, en la que la estabilidad política, la claridad regulatoria y la seguridad nacional se sopesan frente al potencial de crecimiento económico.
Riesgos y análisis
El principal riesgo para el Reino Unido es subestimar las consecuencias estratégicas a largo plazo de una mayor dependencia económica de China. Al mismo tiempo, una estrategia de distanciamiento excesivo también conlleva costes, dado el papel central de China en las cadenas de suministro globales y en el desarrollo tecnológico.
El gobierno de Starmer parece buscar un punto intermedio: compromiso sin ingenuidad, cooperación sin subordinación. El éxito de esta estrategia dependerá de la disciplina política, la fortaleza institucional y la capacidad de establecer límites claros.
Qué significa de cara al futuro
La visita a Pekín marca un momento relevante en la política exterior y comercial británica. Señala una voluntad de normalizar las relaciones mediante el pragmatismo, sin ignorar las profundas diferencias en valores y sistemas políticos.
Para China, el encuentro refuerza su condición de socio global ineludible. Para el Reino Unido, representa un intento estratégico de mantener relevancia económica en un mundo donde los equilibrios de poder cambian rápidamente y donde la geopolítica y la economía están cada vez más interconectadas.
