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Escrito por Frode Skar, periodista financiero.

Elon Musk deja que Tesla se marchite mientras su atención se desvía hacia robots e inteligencia artificial

De pionero del vehículo eléctrico a encrucijada estratégica

Una pregunta se vuelve cada vez más difícil de ignorar. ¿Sigue siendo Tesla una prioridad real para Elon Musk. La compañía continúa siendo el fabricante de automóviles más valioso del mundo por capitalización bursátil, muy por delante de los gigantes tradicionales. Sin embargo, las señales estratégicas sugieren que el negocio de vehículos eléctricos ya no ocupa el centro de las ambiciones de Musk. Tesla parece transformarse en una plataforma de capital y recursos técnicos al servicio de proyectos en inteligencia artificial y robótica.

Este cambio supone un giro profundo para una empresa que definió la transición global hacia el coche eléctrico. Tesla ya no marca el ritmo del sector. Responde a un mercado que ha avanzado rápidamente, impulsado por competidores más ágiles, más baratos y especialmente fuertes en China.

Una cartera de productos estancada en un mercado dinámico

Tesla no ha lanzado un nuevo modelo de gran volumen desde el Model Y en 2020. En una industria caracterizada por ciclos rápidos de innovación, esta ausencia pesa. En lugar de nuevos vehículos, la compañía ha recurrido a actualizaciones menores, ajustes de software y recortes agresivos de precios.

El Cybertruck, concebido como vehículo icónico, ha tenido una acogida comercial limitada y una utilidad práctica discutible. El camión eléctrico para transporte pesado, anunciado desde hace años, sigue sin producción a escala. Mientras tanto, los competidores han inundado el mercado con modelos nuevos en casi todos los rangos de precio, combinando autonomía aceptable, calidad razonable y software cada vez más competitivo.

La falta de un Tesla de bajo coste resulta especialmente dañina. Los fabricantes chinos han demostrado que pueden producir vehículos eléctricos asequibles a gran escala, superando a Tesla en precio incluso antes de considerar los aranceles en los mercados occidentales.

Los fabricantes chinos toman la delantera

El mercado global del vehículo eléctrico ha cambiado de forma decisiva. Los fabricantes chinos dominan hoy tanto en volumen como en crecimiento. Cuentan con cadenas de suministro integradas, menores costes y una velocidad de desarrollo difícil de igualar.

Tesla ha perdido su ventaja tecnológica y de costes. En mercados sin fuertes barreras proteccionistas, sus vehículos compiten con dificultad en precio. Incluso en Estados Unidos y Europa, donde los aranceles ofrecen cierto respiro, la brecha se reduce rápidamente.

El año pasado, Tesla fue superada como mayor fabricante mundial de vehículos eléctricos por un rival chino. Más que un dato estadístico, fue una señal clara de que Tesla ya no es el líder natural del sector que ayudó a crear.

Retirada simbólica de los modelos emblemáticos

La decisión de poner fin a la producción del Model S y el Model X tiene un valor simbólico que va más allá de las cifras de ventas. Estos modelos representaban la promesa original de Tesla. Demostraron que los coches eléctricos podían ser rápidos, elegantes y tecnológicamente avanzados.

Aunque hoy representaban una parte pequeña de las ventas, su eliminación señala un repliegue de la innovación premium en lugar de una renovación de la gama. La capacidad liberada en California no se destina a un nuevo vehículo eléctrico asequible, sino a la producción de robots humanoides.

Al mismo tiempo, se está retirando capital de Tesla. Recursos que podrían haberse invertido en nuevos modelos o en eficiencia industrial se redirigen a proyectos con mayor incertidumbre tecnológica y retornos más lejanos.

La promesa diluida del Tesla asequible

Durante años, Musk prometió un Tesla de unos veinticinco mil dólares. Ese modelo debía ser la respuesta directa a la presión de los fabricantes chinos y la clave para mantener el liderazgo en el mercado masivo.

Presentaciones detalladas describían métodos de fabricación innovadores destinados a reducir costes de forma drástica. Hoy, ese proyecto parece haber perdido prioridad. No hay avances visibles ni compromisos claros.

Sin un vehículo de entrada, Tesla queda expuesta. Los recortes de precios erosionan los márgenes y la falta de novedades limita el crecimiento. La lógica estratégica de abandonar esta vía resulta difícil de justificar.

La conducción autónoma pierde credibilidad

La conducción autónoma ha sido durante años el gran argumento de futuro de Tesla. Musk sigue anunciando avances rápidos y la expansión de robotaxis.

Sin embargo, la credibilidad de estas promesas se ha debilitado. Los anuncios de autonomía total se remontan a más de una década y han sido pospuestos repetidamente. El enfoque de Tesla, que prescinde de sensores utilizados por competidores para reducir costes, genera crecientes dudas en materia de seguridad.

Evaluaciones independientes sugieren que los sistemas de Tesla están por detrás de los líderes del mercado en fiabilidad. En los debates técnicos sobre transporte automatizado, Tesla ya no ocupa una posición central.

La robótica como distracción estratégica

El énfasis de Musk en los robots humanoides es quizá la señal más clara del cambio de prioridades. Las demostraciones del robot Optimus han atraído atención mediática, pero también escepticismo. Las capacidades mostradas son limitadas y muchas tareas parecen depender de control remoto.

La robótica industrial es un campo maduro y exigente. La demanda real se centra en máquinas especializadas y eficientes, no necesariamente en formas humanoides. El valor económico de este enfoque sigue sin estar claro.

Para muchos críticos, esta apuesta responde más a una visión personal y a la búsqueda de impacto que a una necesidad concreta del mercado.

Tesla como herramienta financiera

El papel de Tesla dentro del ecosistema empresarial de Musk también ha cambiado desde el punto de vista financiero. Durante años, Tesla fue la principal fuente de liquidez, permitiendo financiar otros proyectos mediante ventas de acciones.

Hoy existen alternativas. Las empresas espaciales y de inteligencia artificial alcanzan valoraciones enormes, aunque consumen grandes cantidades de capital sin beneficios inmediatos. Las especulaciones sobre reestructuraciones y salidas a bolsa apuntan a una consolidación de activos.

En este contexto, Tesla parece menos un proyecto central y más una pieza dentro de una arquitectura financiera más amplia.

Deterioro de la lealtad a la marca

El éxito de Tesla siempre se apoyó en una base de clientes extraordinariamente leal. Los primeros compradores actuaron como embajadores espontáneos, impulsando la marca cuando otros la cuestionaban.

Esa relación se está debilitando. La falta de innovación visible y el desplazamiento del foco generan la sensación de abandono entre clientes e inversores minoristas. La conexión emocional que distinguía a Tesla comienza a erosionarse.

En mercados de consumo, esa pérdida es difícil de revertir.

Un patrón industrial conocido

La historia que se desarrolla no es nueva. Un líder de mercado descuida su cartera de productos y es superado por competidores más rápidos y disciplinados. En el caso de Tesla, lo singular es la velocidad del cambio y el peso simbólico de la marca.

Tesla representó progreso tecnológico y renovación industrial. Permitir que ese papel se diluya implica algo más que perder cuota de mercado.

Evaluación final

Elon Musk ha desafiado antes a los críticos y ha superado crisis mediante decisiones audaces. Esta vez, el contexto es distinto. El mercado del vehículo eléctrico es maduro, competitivo y poco indulgente.

Al permitir que Tesla pierda impulso mientras se priorizan tecnologías especulativas, Musk asume un riesgo considerable. No solo financiero, sino estratégico y reputacional.

Tesla no necesita desaparecer para perder relevancia. Basta con dejar de liderar. Los indicios de que eso ya está ocurriendo son cada vez más claros.

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