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Escrito por Frode Skar, periodista financiero.

El oro se desploma tras una venta histórica y un brusco cambio de expectativas

Giro violento después de una racha récord

El oro y la plata prolongaron su caída al inicio de la semana, profundizando las pérdidas iniciadas el viernes con uno de los desplomes más severos del mercado de metales preciosos en décadas. Apenas días antes, ambos activos habían marcado máximos históricos. Ahora, el mercado atraviesa una fase de repricing acelerado, con alta volatilidad, toma de beneficios y un reajuste claro de las expectativas macroeconómicas.

El oro al contado cayó alrededor de un cinco por ciento, negociándose cerca de 4.600 dólares por onza, tras un desplome cercano al diez por ciento el viernes, cuando los precios retrocedieron bruscamente desde niveles superiores a 5.000 dólares. La plata sufrió un ajuste aún más extremo. Después de hundirse cerca de un treinta por ciento el viernes, el mayor descenso diario desde 1980, el metal continuó bajo presión y llegó a caer más de un doce por ciento antes de estabilizarse parcialmente.

La magnitud y la velocidad del movimiento ponen fin de forma abrupta a una subida impulsada por la demanda de refugio, flujos especulativos y expectativas de una política monetaria más laxa.

Corrección clásica tras ganancias extraordinarias

Los analistas describen el movimiento como una corrección clásica tras una subida excepcional. El oro y la plata habían avanzado a un ritmo difícil de sostener, apoyados por la expectativa de recortes de tipos en Estados Unidos, tensiones geopolíticas y preocupaciones sobre la independencia de las instituciones monetarias.

Cuando el posicionamiento del mercado se vuelve excesivamente unilateral, pequeños cambios en el relato pueden desencadenar reacciones desproporcionadas. Eso es lo que parece haber ocurrido, con inversores acelerando la toma de beneficios y reduciendo apalancamiento ante las primeras señales de giro.

Este ajuste no implica necesariamente un colapso del argumento alcista a largo plazo para los metales preciosos, sino la vulnerabilidad de los mercados dominados por el impulso cuando el sentimiento cambia.

La fortaleza del dólar altera el equilibrio

Un dólar estadounidense más fuerte ha sido un factor clave detrás del retroceso. El índice del dólar se ha apreciado cerca de un uno por ciento desde finales de la semana pasada, ejerciendo presión directa sobre las materias primas denominadas en dólares.

Un dólar al alza encarece el oro para los compradores internacionales y reduce su atractivo relativo frente a activos estadounidenses. Al mismo tiempo, mayores rendimientos o expectativas de tipos más firmes elevan el coste de oportunidad de mantener activos sin rendimiento como el oro.

La relación inversa histórica entre el dólar y los metales preciosos, eclipsada durante la fase más especulativa de la subida, ha vuelto a imponerse con fuerza.

Reajuste de expectativas monetarias

Detrás del movimiento del dólar se encuentra una rápida revisión de las expectativas sobre la política monetaria estadounidense. El mercado había descontado una relajación agresiva por parte de la Reserva Federal, pero esa narrativa se debilitó tras señales políticas que apuntan a una orientación potencialmente más restrictiva.

La posibilidad de un liderazgo monetario menos acomodaticio reforzó al dólar y redujo la demanda de oro como cobertura frente a la expansión monetaria. Incluso sin cambios inmediatos en los tipos, el simple cambio de expectativas fue suficiente para provocar una reconfiguración abrupta de carteras.

La incertidumbre sobre la trayectoria futura de los tipos vuelve a situarse en el centro de la volatilidad en materias primas, divisas y renta fija.

El aumento de márgenes intensifica la caída

El ajuste se vio amplificado por factores técnicos en los mercados de derivados. Las bolsas elevaron los requisitos de margen para los futuros de oro y plata, obligando a los operadores a aportar más garantías o a reducir posiciones.

En entornos de alta volatilidad, estos incrementos suelen provocar liquidaciones forzadas, especialmente entre participantes apalancados. Este mecanismo tiende a acelerar los movimientos a la baja y a exagerar las oscilaciones a corto plazo.

Aunque estas medidas buscan preservar la estabilidad del mercado, también drenan rápidamente la liquidez especulativa.

La plata, la más golpeada por el desapalancamiento

La plata volvió a mostrar una volatilidad muy superior a la del oro. Mientras el oro actúa principalmente como reserva de valor, la plata combina un papel monetario con una fuerte demanda industrial, lo que la hace más sensible a cambios en el apetito por riesgo y a flujos especulativos.

La magnitud del desplome sugiere que una parte relevante del rally previo estuvo impulsada por posicionamiento de corto plazo. Cuando el sentimiento se dio la vuelta, la salida fue rápida y profunda.

Aun así, la plata sigue cotizando muy por encima de los niveles de inicio de año, lo que subraya lo extraordinaria que fue la subida previa.

Menor prima geopolítica

La geopolítica había proporcionado un soporte clave a los metales preciosos en los últimos meses. Sin embargo, señales diplomáticas recientes y una reducción de temores inmediatos en algunos focos de tensión han recortado la prima de riesgo.

La caída de los precios energéticos y titulares menos alarmantes redujeron la urgencia de buscar refugio en oro y plata. Aunque los riesgos estructurales persisten, el mercado ha recalibrado el escenario a corto plazo.

Esto evidencia la rapidez con la que las primas geopolíticas pueden incorporarse y retirarse de los precios.

Fundamentos de largo plazo aún favorables

Pese a la corrección, muchos analistas sostienen que los fundamentos de largo plazo del oro siguen siendo constructivos. La deuda global continúa elevada, la inflación se mantiene irregular y la confianza en las instituciones políticas y monetarias es frágil en numerosas regiones.

En ese contexto, el oro ha funcionado históricamente como un seguro monetario. Correcciones pronunciadas han precedido en ocasiones a nuevas fases alcistas cuando la incertidumbre vuelve a intensificarse.

La plata, aunque más volátil, podría beneficiarse con el tiempo de su doble papel industrial y monetario, especialmente si continúan las tendencias de electrificación y transición energética.

Psicología del inversor en primer plano

El episodio recuerda el papel central de la psicología en los mercados de materias primas. Las subidas rápidas refuerzan narrativas de inevitabilidad, mientras que las caídas bruscas invierten el sentimiento con la misma rapidez.

Para los inversores de largo plazo, estos momentos ponen a prueba la disciplina y la tolerancia al riesgo. Para los operadores de corto plazo, subrayan lo implacables que pueden ser las operaciones masificadas cuando el mercado gira.

Perspectivas a corto y medio plazo

En el corto plazo, se espera que la volatilidad siga siendo elevada. Los precios reaccionarán con sensibilidad a señales sobre tipos de interés, liderazgo de bancos centrales y movimientos del dólar. Cambios modestos en expectativas pueden generar oscilaciones significativas.

A medio plazo, el oro y la plata probablemente mantendrán un papel en carteras que buscan diversificación y protección frente a riesgos sistémicos, aunque con un camino marcado por fuertes fluctuaciones.

Evaluación final

El desplome del oro y la plata refleja una corrección violenta, pero no inédita, tras una subida extrema. Representa un reajuste de riesgo, posicionamiento y expectativas monetarias más que el fin del argumento estructural de los metales preciosos.

La lección para los inversores es clara. El oro y la plata pueden ofrecer protección a largo plazo, pero son altamente volátiles en el corto. En un entorno de incertidumbre política, giros monetarios y capital especulativo, la gestión del riesgo y la perspectiva resultan esenciales.

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