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Escrito por Frode Skar, periodista financiero.

Político ruso desafía al Kremlin y califica la guerra como una derrota

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Una ruptura inusual con el relato oficial

Un político ruso ha hecho públicamente algo que en la Rusia actual conlleva un riesgo personal extremo. Desde la tribuna parlamentaria afirmó que Rusia no puede ganar la guerra en Ucrania y que lo que el Kremlin describe como una retirada estratégica fue, en realidad, una derrota militar humillante. Al contradecir directamente el relato oficial del presidente Vladímir Putin, cruzó una línea que el sistema político ruso no tolera.

Lo más significativo no es solo el contenido de sus palabras, sino quién las pronunció. No se trata de un disidente pro occidental ni de un activista pacifista. El político no muestra simpatía por Ucrania ni plantea una crítica moral a la invasión. Su análisis es frío, práctico y económico. Precisamente por eso resulta tan incómodo para el Kremlin.

El desmontaje del mito del control

En el centro de su intervención estuvo una afirmación directa. Los objetivos declarados de lo que Rusia denomina la operación militar especial no se han cumplido y, en su opinión, no pueden cumplirse. Desde la primavera de 2022, sostuvo, Rusia no lucha únicamente contra Ucrania, sino contra una amplia coalición de países occidentales que apoyan a Kiev en los planos militar, financiero y político.

Esta evaluación contradice de forma frontal la narrativa del Kremlin, según la cual Rusia nunca tuvo la intención de tomar Kiev y se retiró voluntariamente de las inmediaciones de la capital. Al calificar esa retirada como una derrota, el político cuestionó uno de los pilares fundamentales de la propaganda interna del poder ruso.

La guerra como ecuación económica

El aspecto más llamativo de su discurso fue el énfasis en la economía. La guerra moderna, argumentó, es ante todo una competencia entre economías. Rusia, cuya economía representa solo una pequeña fracción del producto mundial, no puede derrotar estructuralmente a una alianza cuyas economías combinadas superan la mitad del PIB global.

No se trata de una crítica ideológica ni moral, sino de un cálculo. La capacidad industrial, la resistencia fiscal y el acceso a recursos financieros determinan el resultado de los conflictos prolongados. En ese terreno, Rusia parte de una desventaja que ningún éxito táctico puede compensar a largo plazo.

El callejón sin salida nuclear

El político también señaló la paradoja estratégica del conflicto. Rusia no puede vencer a la OTAN en una guerra convencional. Al mismo tiempo, la OTAN no puede derrotar a Rusia sin arriesgar una escalada nuclear. Dado que una guerra nuclear no tendría ganadores, el conflicto se convierte en un proceso de desgaste que consume vidas, recursos y cohesión social sin ofrecer una vía real hacia la victoria.

En este marco, la continuación de la guerra pierde sentido estratégico. Produce degradación moral, normaliza la violencia y acelera el agotamiento económico. El concepto de victoria se transforma en un eslogan propagandístico, desconectado de la realidad.

Caída de los ingresos petroleros y presión fiscal

Las consecuencias económicas ya son visibles. Los ingresos petroleros de Rusia han caído de manera significativa. No solo influyen los precios globales, sino también los fuertes descuentos que Moscú debe ofrecer para vender su crudo. Estos descuentos se han ampliado con el tiempo, reduciendo de forma directa los ingresos del Estado.

El petróleo y el gas constituyen pilares esenciales del presupuesto ruso. A medida que estos ingresos disminuyen, se reduce la capacidad del gobierno para financiar la guerra, sostener programas internos y mantener la estabilidad política. El margen fiscal se estrecha cuanto más se prolonga el conflicto.

Aislamiento y dependencia asimétrica de China

Otro punto central del análisis fue el creciente aislamiento internacional de Rusia. El número de aliados reales es limitado y la relación con China se ha vuelto cada vez más desigual. Rusia depende de Pekín para el comercio, la tecnología y la cobertura diplomática, mientras que China depende muy poco de Rusia.

Este desequilibrio ha generado una dinámica en la que Rusia exporta materias primas con descuento e importa productos industriales de mayor valor añadido. A largo plazo, este patrón debilita la base industrial y la autonomía estratégica del país.

Las sanciones como presión acumulativa

Las sanciones occidentales no provocaron un colapso económico inmediato, pero actúan como una presión acumulativa. El acceso restringido a tecnología, financiación y mercados eleva los costos de la actividad económica. Incluso en un escenario de levantamiento parcial de sanciones tras un eventual acuerdo de paz, gran parte del terreno perdido sería difícil de recuperar.

El político describió las sanciones como una constricción lenta pero constante. Cuanto más se prolonga la guerra, más profundos se vuelven los daños estructurales para la economía rusa.

Castigado por decir la realidad

La respuesta de las autoridades rusas fue rápida. El político fue arrestado y acusado de desacreditar al ejército, una figura legal amplia utilizada para silenciar cualquier forma de disenso. Se enfrenta a multas, posibles penas de prisión y la exclusión de cargos públicos.

El mensaje para otros funcionarios es claro. Incluso una crítica analítica y no moral resulta inaceptable si pone en duda el relato oficial. Nombrar pérdidas, hablar de límites económicos o cuestionar la viabilidad de la guerra puede tener consecuencias penales.

Grietas en el sistema de propaganda

A pesar de la represión, este político no está solo. Cada vez más economistas, empresarios e incluso comentaristas antes favorables a la guerra expresan dudas sobre la dirección y el costo del conflicto. El lenguaje suele ser cauteloso, pero el diagnóstico converge. El rumbo actual no es sostenible.

Esto sugiere que ni siquiera un entorno informativo estrictamente controlado puede ocultar indefinidamente las realidades económicas y militares. A medida que aumentan los costos, se amplía la brecha entre la propaganda y la experiencia cotidiana.

Una realidad que no puede ser detenida

El Estado ruso puede encarcelar a personas, pero no puede encarcelar los hechos económicos ni las limitaciones estratégicas. La declaración en el parlamento fue un momento poco común en el que esa realidad se expresó abiertamente desde dentro del sistema.

Para el Kremlin, esto resulta peligroso no porque un solo político pueda cambiar la política, sino porque articuló una evaluación que muchos comparten en privado. Con el tiempo, este tipo de reconocimientos puede erosionar la credibilidad del discurso oficial y revelar la guerra no solo como costosa, sino como profundamente mal calculada.

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